‘Alias Grace’ y el problema de las antiheroínas

‘Alias Grace’ y el problema de las antiheroínas

Alias Grace

Demonio inhumano, víctima inocente, manipulable, astuta, desconfiada… ¿Cuál de todas descripciones corresponde verdaderamente a Grace Marks? O más bien, ¿cómo puede ser todo ello a la vez? Esta es la pregunta en la que el espectador de Alias Grace, serie de Netflix, acompaña a su protagonista en la narración de los hechos que condujeron al fatídico asesinato de Nancy Montgomery (Anna Paquin) y Thomas Kinnear (Paul Gross).

Basada en la novela homónima de Margaret Atwood, la ficción de Netflix se basa en un hecho real acontecido en Canadá en 1843. Grace Marks (Sarah Gadon), una joven criada de origen irlandesa, y James McDermott (Kerr Logan), chico de los establos, fueron acusados de la muerte de su patrón, el dueño de una granja de Ontario, y de la del ama de llaves de la casa y amante de su empleador.

Alias Grace toma esta historia de verdades nunca resueltas que despertó una gran atención mediática en la época. Para ello se vale del personaje ficticio del doctor Simon Jordan, un estudioso de la mente que reniega de las brutales prácticas que se ejercían por aquel entonces en los manicomios. A lo largo de seis episodios, el espectador sigue a Jordan en la indagación de la vida de Grace Marks, que cuenta con paciencia sus recuerdos precedentes al asesinato de Nancy Montgomery y Thomas Kinnear.

Como la imprecisa colcha de retales que Grace teje, la criada construye su narración de modo tortuoso, compuesta de piezas muy diferentes y lagunas que no alcanzan a completar la totalidad de los hechos. Al igual que el doctor Jordan, el espectador nunca sabe si Grace miente, realmente tiene amnesia o es víctima de la locura.

Es precisamente esta narración poco fiable y la moral dudosa de Grace, lo que la convierten en un gran ejemplo de antiheroína. Una categoría problemática en televisión, ya que no goza del prestigio crítico de sus homólogos masculinos. Se trata de un personaje que navega entre sus propios conflictos éticos, a veces conducido a actuar monstruosamente por unas circunstancias particulares. Aunque el personaje pueda ser carismático y el espectador sienta empatía, e incluso quiera que triunfe en sus metas, la narración nos obliga a estar atentos y a no olvidar nunca que puede ser despreciable.

Al igual que sucede con los ya tan citados Don Draper, Walter White o Tony Soprano, Grace Marks es un personaje con capas, enfrentado a sus propios demonios y que plantea una serie de conflictos éticos. Forma parte de una serie de antiheroínas como Alicia Florrick (The Good Wife), Nancy Botwin (Weeds) o Carrie Mathison (Homeland), que al contrario que los antihéroes no son tan señaladas como clave en la evolución narrativa de la tercera era dorada de la televisión. A diferencia de los personajes masculinos, y como indica Margaret Tally en su libro The Rise of the Anti-Heroine in TV’S Third Golden Age, muchas antiheroínas no gustan al espectador en varios niveles, ya que, “cuando el antihéroe masculino comete actos que expresan su masculinidad problemática , genera empatía en otros aspectos. Cuando las antiheroínas actúan, por otro lado, no gustan, ya sea porque son muy femeninas o muy masculinas”. Pero sobre todo, porque en la mayoría de las ocasiones, si un personaje femenino no intenta ser encantador, digno de deseo u tiene otras cualidades asociadas tradicionalmente a la feminidad, hay una desconexión por parte de espectadores y críticos, como señala Michelle Jurgen.

Grace Marks, como otras antiheroínas, con el riesgo de no gustar al espectador, al reflejar una mujer real, con sus debilidades y fortalezas. Es un personaje desafiante, que utiliza sus armas para sobrevivir en un mundo dominado por los hombres, dentro de los estrictos y limitados códigos que le permiten muy poco margen de maniobra. Parece taciturna, poco habladora hasta que encuentra en Simon Jordan un interlocutor. Pero sus ideas están claras desde el principio. Cuando habla de la costumbre de tejer colchas de retales y piensa en cuando las mujeres las tienden dice, “parecían banderas colgadas por un ejército que va a la guerra”. Precisamente, porque como indica Grace la cama no es solo un lugar de descanso, sino también de humillación y sufrimiento para algunas, un lugar peligroso.

Alias Grace

Esta dualidad expresada en la metáfora de la colcha se repite en todo momento en Alias Grace. Ella ha sufrido los abusos de su padre, ha visto como los amos asediaban a las sirvientas y se ha visto en peligro por los deseos sexuales de los hombres. Ha presenciado como su mejor amiga Mary Whitney moría después de un aborto fallido, tras ser rechazada por el padre de su hijo, un hombre adinerado. Pero al mismo tiempo, cuando Nancy Montgomery, celosa porque Thomas Kinnear pueda sentirse atraída por Grace, en el momento que el ama de llaves se queda embarazada, la misma Grace se pregunta, ¿por qué no ha de sufrir por el mismo pecado que Mary Whitney?

Efectivamente, es esta complejidad, esta contradicción lo que hace a Grace una antiheroína tan interesante. Porque, aunque es consciente del peligro que le acecha no es ajena a los códigos masculinos que enfrentan indiscutiblemente a las mujeres. No acabamos de saber si su narración de los hechos es real, pero aun así nos ponemos en su lugar, porque solo se le es permitido traspasar ciertas fronteras a través de la voz de otros. Su recato, o su discreción, se tambalean cuando se expresa con un lenguaje poco apropiado para las señoritas, con el que dice lo que piensa claramente. Solo sucede cuando habla de la fallecida Mary Whitney, a la que describe como una mujer muy clara o directa, o en la interesante escena de la hipnosis. No sabemos si el encantamiento es real, si es una treta de Grace o si realmente tiene otra personalidad, le autoriza a expresar pensamientos silenciados, como que el doctor Simon Jordan la mira con lascivia como tantos otros y que solo la escucha por su propio placer, no por algún interés en el progreso médico

El relato de Grace es fascinante, y un ejemplo de cómo retratar una sociedad profundamente machista sin hacer un retrato misógino. No cabía duda después de haber visto The Handmaid’s Tale, también basada en una obra de Margaret Atwood, que sería así. Alias Grace nos recuerda cuán necesarias las antiheroínas, cuán fuerte puede ser una mujer, pero también a reflexionar acerca del peligro que nos acecha. No en vano, cuando Grace Marks contrae matrimonio y teje una colcha con el árbol del paraíso, decide coser una serpiente en un rincón, consciente de que debe estar siempre alerta. Porque le han enseñado que es como Eva, pecadora por el simple hecho de ser mujer. Porque quizás sea una pecadora ya que realmente ha cometido un asesinato. Pero también, porque le acechan los pecadores que tratan de abusar de ella y de tantas otras, aunque todos quieran silenciarlo.

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