‘En la playa sola de noche’: la catarsis del desamor

‘En la playa sola de noche’: la catarsis del desamor

Después de ver En la playa sola de noche (Hong Sang-Soo, 2017), me quedé pensando en el significado que le damos a las palabras “sola” y “solo” cuando hablamos de relaciones. Una persona sola es aquella que no tiene pareja, que ha sufrido el desamor, pero a menudo en ese juicio no se tiene en cuenta que probablemente esté rodeada de amigos, de momentos que valen la pena. Por eso mismo, me encanta la ironía del título: la protagonista, la actriz Younghee -interpretada por Kim Min-Hee– nunca está sola en la playa de noche, después de su fallida relación con un cineasta casado.

Puede que sea el paralelismo con la realidad (Min-Hee tuvo una relación real con Sang-Soo que desató polémicos titulares en Corea), lo que convierte a En la playa sola de noche en un absoluto ejercicio de comprensión del personaje femenino. Desafortunadamente, algo no muy común cuando hablamos de hombres dirigiendo a mujeres. Sang-Soo sigue la peripecia vital de Younghee con delicadeza. Primero, en Hamburgo, donde ella espera inúltimente a su amante en compañía de una amiga expatriada en la ciudad. Después, en un pueblecito costero de Corea, donde disfruta, discute y charla con sus amigos, en conversaciones a menudo salpicadas por el alcohol.

Sang-Soo no juzga a su protagonista, que vaga entre la confusión y la desazón. Ella no deja de ser ella misma, el hombre no es el único centro de su existencia (¡como a menudo el cine se empeña en puntuar!), pero Younghee deja escapar su tristeza entre algunos tragos, estallando, contando a sus amigos que no están cualificados para amar, entre conversaciones que podrían haber sucedido a cualquiera.

Es esta sensibilidad, este mecanismo para capturar las palabras y los diálogos, lo que convierte a En la playa sola de noche en una película maravillosa. Hay una tristeza latente en la película, apenas punteada dramáticamente -salvo por unas cuantas notas de Schubert y unos torpes zooms que quizás demuestren la confusión de la protagonista- que parece hasta casi real. Un cúmulo de vivencias, o más bien sensaciones, que desembocarán en una catarsis al final de la película. En una escena en la que la intimidad traspasa la pantalla, Sang-Soo muestra el encuentro necesario entre el director (ausente la mayor parte del metraje) y la actriz. Con el alcohol de por medio una vez más, él escupe y vomita con cierto patetismo todo aquello que no ha dicho, mientras Younghee parece en cierto modo ajena a las circunstancias. Porque ya las ha procesado a su manera, pero nunca en la playa, sola de noche.

 

 

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