La venganza de Lynch

La venganza de Lynch

David Lynch en la T3 de Twin Peaks

Con el retorno de Twin Peaks me imagino a David Lynch riéndose a carcajada limpia. Como si ejecutase una dulce venganza contra los ejecutivos de ABC que le conminaron a revelar el asesino de Laura Palmer antes de tiempo, con el temor de que la serie fuese demasiado complicada para la audiencia. Pero también saboreando la revancha contra aquellos que lo abuchearon en el año 1992 durante la proyección de Fire Walk with Me en el Festival de Cannes. No solo porque la hora de experimentación del episodio 8 haya tenido cabida en televisión, sino porque los siete capítulos anteriores demuestran que Twin Peaks es aún sorprendente en una época marcada por la variedad y calidad de propuestas televisivas.

Uno de los mayores miedos que planteaba el regreso de la ficción de David Lynch y Robert Frost era la decepción. Si bien es cierto que la emisión de la serie en los 90 rompió los cánones del momento y supuso un revulsivo en la innovación de la narrativa audiovisual, ¿no parecía imposible que en plena época de la peak tv, Twin Peaks destacase entre el resto de propuestas?

Hubiera sido sencillo recurrir a la nostalgia facilona, a los guiños forzados a las dos primeras temporadas. Sin embargo, la serie ha comenzado abriendo numerosas tramas, descubriendo múltiples personajes, mientras se demora la total toma de consciencia del “Good Cooper” y su encuentro con los personajes originales.

A pesar de ello, el regreso de Twin Peaks fascina, y lo hace porque continúa siendo una ficción de culto en el mejor de los sentidos: sus líneas de diálogo memorables, la peculiaridad de sus personajes, los fascinantes motivos visuales y la combinación del misterio con la soap-opera siguen presentes, a pesar de que se escatimen las escenas en el pueblo de Twin Peaks y la aparición de viejos personajes. El Dougie Jones original y Janey-E, por poner un ejemplo, encajan perfectamente en la idiosincrasia de la ficción. Incluso sin haber finalizado esta tercera temporada, el “hello-oooo!” de un desorientado Cooper recién regresado de la Black Lodge ya se ha convertido en una cita memorable.

Mientras que los nuevos se hacen su hueco en el universo de Twin Peaks, los antiguos personajes, al igual que la estética de la serie, parecen navegar en un delicioso anacronismo. Cabe recordar la escena en la que Lucy es incapaz de acostumbrarse al teléfono móvil y lo considera un hecho extraño, casi tan sobrenatural como los extraños acontecimientos a los que se habitúa el pueblo después de la muerte de Laura Palmer.

Todo ello nos conduce a la pregunta planteada por Mike en la Black Lodge: ¿es el futuro o es el presente? Porque la nueva temporada de Twin Peaks (¡y toda la serie!) navega entre estos dos polos. Ya sea por el continuo encaje de piezas con Fire Walk with Me, o el comentado capítulo 8, que podríamos llamar “el de la creación de Bob”. En un salto al pasado, Lynch recrea un mundo de pesadilla, en el que Laura Palmer aparece incluso antes de nacer y en el que se anticipa la amenaza de Bob.

Habrá quien califique a este episodio de innecesariamente pausado, de una ostentación estética vacía. Quizás los mismos que han encontrado en los siete capítulos anteriores una lentitud intolerable. Pero esta hora de televisión experimental, sin apenas diálogo, con un ambiente oscuro y macabro, recuerda a cualquiera de las pesadillas del mundo misterioso y salvaje de Twin Peaks. Quizás sea necesario recordar una vez más esa oscilación entre el pasado y el presente, la línea cada vez más difusa entre ambos: como cuando Laura Palmer, aún sin haberlo conocido y mucho antes de que sucediese, escribió en su diario que el “Good Cooper” estaba en la logia.

Aunque sea pronto para dar un veredicto sobre el regreso de Twin Peaks, está claro que David Lynch está llevando a cabo su propia venganza: con esa dilatación de las tramas que parecen no llegar a cerrarse, con la apertura de enigmas a cada segundo, con esa conexión continua con la denostada Fire Walk with Me, y con la experimentación ,inaudita en televisión, del capítulo 8.

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