No hay paz para Don Draper

No hay paz para Don Draper

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Mad Men no necesitaba un exabrupto, un golpe de efecto para finalizar. Siendo una serie dramática, incluso desoladora, su transcurrir- salvo algunas excepciones- no se ha caracterizado por la sucesión de acontecimientos gravísimos, sino más bien por una desolación, una tristeza latente en el mismo interior de sus protagonistas. Por eso, que el último capítulo, “Person to Person” no termine con la total autodestrucción de Don- hecho que durante mucho tiempo parecía plausible, sobre todo temporadas atrás- es lo más coherente.

“Person to Person” es ,en cierto modo, un episodio de liberación. Casi todos los personajes encuentran algún tipo de calma. Roger decide dejar atrás su historial de jovencitas y casarse con Marie Draper, Peggy encuentra su lugar en McCann Erickson y el amor en Stan, Peter y Trudy se reconcilian y Joan monta su propia compañía productora. Incluso Betty, aquejada de un cáncer terminal, parece hallar la paz en sus últimos meses y se reconcilia con su hija Sally, convertida en una persona más razonable que sus propios padres. Pero mientras Betty fuma el cigarro y continúa estudiando sus libros de la Facultad de Psicología, como si nada le hubiese pasado, Don vaga por California, tratando de encontrar la misma liberación que el resto.

Como Jack Kerouac –escritor espiritual y moldeador de la cultura hippy- Don busca alguna respuesta en la carretera, quizás reinventarse a sí mismo. Montado en su automóvil, deteniéndose en moteles, trabajando en un taller de mecánica, Don quiere deshacerse poco a poco de su vida en Nueva York, de su faceta de hombre de publicidad, de su “vida real”. No es de extrañar, dado los ecos de Kerouac –del que Don habla con el fantasma de Bert Cooper en el penúltimo episodio, “The Milky and Honey Route”- que Draper termine en una comuna hippy, aunque no sea de forma intencionada.

Precisamente guiado por la hija del hombre cuya identidad asumió –el que le permitió dejar de ser Dick Whitman-, Draper se encuentra en un lugar extraño para él, en el que la meditación y la reflexión son los instrumentos para encontrar la calma. Pero la búsqueda de la espiritualidad es compleja para él y le cuesta encontrar un freno a su vacuidad. Pero como dice Stan, después de que Peggy haya hablado con Draper, “siempre vuelve”, no hay motivo para preocuparse. ¿O sí?

Mad Men

Porque cuando el espectador piensa por un segundo que Don ha alcanzado la paz –en una escena en la que mientras recita el “om” se le ilumina la cara- el episodio se cierra con el anuncio de Coca-Cola que adoptó la estética hippy, creado por Bill Backer, un ejecutivo de McCann Ericson. “It’s a new day”, cantan los protagonistas del anuncio, “It’s the real thing”. Es entonces cuando podemos suponer que Don sonríe porque acaba de tener una idea brillante para Coca-Cola y puede volver a su “vida real”. Pero curiosamente esa vida es la que se apropia de un movimiento como el hippy para vender, la que vuelve a las apariencias. Y nos preguntamos si verdaderamente, como cantan en el anuncio, es “real”.

Se desprende un amargor intenso en “Person to person”. Don Draper se sumergirá probablemente de nuevo en la monotonía, volverá a ser el gran hombre de publicidad que se hace necesitar. Y encontrará un salvavidas en la misma rutina que lo lleva paradójicamente a dar tumbos: esta vez no por las grandes llanuras del Big Sur, sino por el alcohol y las relaciones inestables. Tristemente volvemos a darnos cuenta de lo que ya sabíamos: de que Don no puede encontrar resolución, de que no puede reinventarse porque lo ha hecho ya una vez. Sólo sobrevivir lo mejor que puede atravesado por una insatisfacción crónica.

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