‘Wet Hot American Summer’: desparrame nostálgico

‘Wet Hot American Summer’: desparrame nostálgico

Existe una tendencia en la televisión contemporánea a recurrir a la nostalgia. No solo se alude al pasado (quizás nunca vivido), sino también a las series de televisión como objeto de recuerdo. Algo que se evidencia en el anuncio del regreso de ficciones como Twin Peaks, Expediente X o Padres Forzosos, y en la serie que ocupa este artículo, Wet Hot American Summer: First Day of Camp.

Para los que la desconozcan, se trata de una precuela del film de 2001, Wet Hot American Summer, dirigido por David Wain. Ambientado en el Campamento Firewood, durante el año 1981, la película es una parodia de las películas adolescentes de los 70 y los 80, que recrea las peripecias de monitores y jóvenes durante el último día de campamento. Netflix, consciente del éxito de esta ficción de culto –que si bien no tuvo mucha repercusión en salas, enseguida consiguió una legión de fans gracias a la difusión en DVD- ha creado una serie de ocho capítulos, a modo de precuela en la que recrea el primer día del Campamento Firewood. La serie es una sátira de esas películas adolescentes que evocan la primera relación sexual, el paso de la niñez a la adolescencia y los primeros amores. Todo ello unido a una conspiración del gobierno para destruir el campamento mediante unos vertidos tóxicos.

Wet Hot American Summer: First Days of Camp es puro desparrame. La broma de Netflix comienza por la propia selección del casting, reunido prácticamente su elenco original. Nombres tan conocidos como Amy Poehler, Paul Rudd, Bradley Cooper y Elizabeth Banks aceptan el desafío de interpretar a adolescentes de 16 años en sus 40. La serie se nutre de esta ironía para comenzar la ficción –broma que repite y recalca durante los ocho capítulos-, porque, ¿cuántas veces habremos comentado lo poco creíble que resulta elegir actores cuya edad supera ampliamente la adolescencia para interpretar a púberes?

Una pareja apasionada por los musicales, una periodista que se hace pasar por adolescente para descubrir una historia exclusiva en el campamento pero llega demasiado lejos y “se enamora”, o un veterano de Vietnam que oculta su pasado pero que decide desvelarlo para defender Firewood de las conspiraciones del gobierno, son solo algunos de los personajes que pueblan esta ficción coral.

Por si fuera poco, estrellas que no estaban en el film original, como Jon Hamm y John Slattery aparecen en pantalla para alegrarnos el día. El primero, como agente del gobierno dispuesto a destruir a todo aquel que esté dispuesto a echar abajo sus planes; y el segundo como viejo seductor -una visión cómica de su personaje en Mad Men– que se trajina a la “jovencita” apasionada de los musicales interpretada por Amy Poehler, cuyo novio resulta ser homosexual.

Como subrayé antes, Wet Hot American Summer recurre de forma muy explícita a la nostalgia, que opera en dos niveles. Primero, aludiendo a una época que curiosamente ni siquiera hayan vivido muchos de sus espectadores. En segundo lugar, y de manera más destacable, al recuerdo de los films juveniles de los 80, que perduran de algún modo en el imaginario colectivo, forjando la imagen de un pasado quizás más ideal que realista. Este segundo punto es en el que mejor funciona, apelando de forma hilarante a los tópicos de todas esas películas americanas que hablan sobre la llegada de la pubertad, una elección que viene reforzada por la atmósfera, la música e incluso el propio opening de la serie.

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